domingo, 11 de enero de 2026

Cuento Infantil "La carrera de la señora Tortugot y el ratón Remigio"

 En un prado tibio, donde los caminos se marcaban solos entre la hierba, vivía la señora Tortugot, una tortuga de tierra de caparazón pulido y paso muy medido. Cada mañana salía a dar su paseo, y aunque siempre llegaba a tiempo, lo hacía con tanta calma que los caracoles la saludaban dos veces.

La señora Tortolina tenía un deseo secreto, que guardaba bajo el caparazón como una carta bien doblada: quería ser la tortuga más rápida de la carrera anual de tortugas de tierra. Pero los años habían pasado sin animarse a participar.

Un día se lo confesó al ratón de campo Remigio, pequeño, despierto y de bigotes siempre en movimiento, que vivía junto al seto.
—Eso es muy difícil —dijo Remigio, sin mala intención—. Pero quizá… pueda intentarse.

Desde entonces comenzaron su preparación. Cada mañana, Remigio se subía con cuidado sobre el caparazón de la señora Tortugot y marcaba el ritmo con una ramita:
—Uno… dos… uno… dos…

Avanzaban por el prado cabalgando juntos: ella con paso firme, él señalando atajos, esquivando piedras y anunciando pendientes. No corrían, pero nunca se detenían. Cuando la señora Tortugot se cansaba, Remigio contaba historias para aligerar el trayecto; cuando Remigio dudaba, Tortugot seguía adelante sin quejarse.



Con los días, algo curioso ocurrió. Los caminos se les hicieron más cortos, las mañanas más ligeras, y los caracoles dejaron de saludarlos dos veces.

El día de la prueba, atravesaron el prado de un extremo al otro antes de que la sombra del roble se moviera. No hubo aplausos ni cronómetros, solo una risa pequeña y un suspiro satisfecho.

—No soy la más rápida —dijo Tortugot—, pero he llegado más lejos que nunca.
—Entonces lo has conseguido —respondió Remigio.

Y así, cabalgando juntos, comprendieron que la verdadera velocidad no está en correr solo, sino en avanzar acompañado

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entradas populares