En una hondonada verde, donde el musgo era tan suave como un cojín de costura, vivían las liebres costureras, la señora Brizna y sus dos hijas, Almendra y Castaña. Tenían una casita de ladrillo bajo un espino, con ventanas pequeñas y una mesa siempre llena de hilos.
Las liebres se pusieron manos —y patas— a la obra. Sacaron una tela roja como las bayas de escaramujo y la midieron con un dedal de porcelana. Almendra cortó con tijeras diminutas; Castaña enhebró una aguja que brillaba como una gota de rocío; y la señora Brizna cosió puntadas tan finas que parecían hormigas ordenadas. Para los acabados usaron la preciosa y antigua máquina de coser de la abuela Adelfina.
Mientras cosían, el viento intentó colarse por la ventana y el gato del molino rondó curioso, pero las liebres no se distrajeron. Al caer la tarde, el abrigo estaba listo: tenía botones de madera y un cuello cálido, perfecto para vigilar senderos.
Las liebres cerraron la puerta, guardaron los hilos y tomaron té de manzanilla. Afuera, el prado parecía agradecerlo: hasta las hojas, al caer, parecían cosidas con cuidado.
Y así, con puntadas pequeñas, el otoño quedó bien abrigado.
Fin
Sobre el cuento:
- La sacralización del oficio: La descripción de las herramientas —el dedal de porcelana, la aguja como gota de rocío y la máquina de la abuela— nos dice que la autora valora la herencia y el respeto por las herramientas. Trabajar bien es una forma de honrar a quienes nos enseñaron.
- La concentración frente a la distracción: El viento intenta entrar y el gato ronda curioso, pero las liebres "no se distrajeron". La autora nos enseña el valor del enfoque; cuando ponemos toda nuestra atención en lo que hacemos, nada externo puede arruinar nuestro propósito.
- El servicio a la comunidad: El abrigo es para el "señor Topillo, guardabosques". Al ayudar a quien cuida el bosque, las liebres están cuidando el bosque entero. La autora nos muestra que cada pequeño trabajo individual contribuye al bienestar de todos.
- La belleza en el detalle: Las puntadas "como hormigas ordenadas" son una metáfora de la paciencia. La autora nos invita a apreciar las cosas hechas con calma, recordándonos que la calidad nace del cariño puesto en los detalles que casi no se ven.
- Sobre el esfuerzo: "Las liebres trabajaron juntas y no se distrajeron a pesar de que el gato y el viento las llamaban. ¿Qué cosas te gusta hacer a ti con tanta atención que se te olvida lo que pasa alrededor?"
- Sobre los regalos con sentido: "El abrigo del señor Jacinto era 'rojo y valiente'. ¿Tienes alguna prenda o algún objeto que te haga sentir seguro y valiente cuando lo usas?"
- Sobre la ayuda: "Las liebres ayudaron al guardabosques a estar calentito. ¿Cómo crees que podemos ayudar nosotros a las personas que cuidan de nuestro parque o de nuestra ciudad?"



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